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Copenhague con niños III: Sirenita, Nyhavn y Christiania

Copenhague con niños III: Sirenita, Nyhavn y Christiania

Buscando el hygge

En capítulos anteriores de Copenhague con niños:

Recalentamos una pizza tras una agotadora sesión de “malditos niños dormíos ya”.

Amanece. Vamos a hacer un pequeño inciso en esta palabra. Copenhague, como bien sabréis, está bastante al norte de Europa. Eso implica que en época primavera/verano amanece muy pronto. Y quiero decir muy muy pronto: 4.30 de la mañana entrando la luz a raudales por las ventanas sin persianas. Porque a nuestros colegas nórdicos la falta de sol durante casi todo el año les produce tener alergia a estos simpáticos complementos del hogar para poder aprovechar la luz lo máximo posible.

Kastellet y Sirenita

Como ya “es de día mamá”, a pesar de que se acostaron a las mil porque “aún es de día mamá” ya estamos todos en pie a unas horas indecentes, y más estando de vacaciones, lo que conllevará una mañana complicada en cuanto a rabietas y falta de paciencia recíprocas por falta de sueño. Hoy nos lanzamos a conocer el resto de la ciudad, empezando por el Kastellet y la famosa Sirenita, que es lo más alejado desde nuestro alojamiento.

La caminata es larga y decidimos turnar a los peques en el carrito, en uno de esos turnos Piticli cae dormido (con tanto madrugón) así que se pierde la Sirenita. Pitufona pese a estar cansada, se niega a dormir, ni en brazos, ni en mochila, así que de aquí para allá haciendo las delicias de la multitud de turistas, especialmente del sector abuelil.

Nyhavn

Ponemos rumbo a Nyhavn, la zona más conocida de la ciudad y de la que yo tenía un recuerdo agradable, con sus terrazas, sus barquitos… Mientras nos acercamos vemos a lo lejos una humareda y los flashes inconfundibles de las bengalas. Están de celebración futbolera y no nos apetece meternos en ese follón con los peques, por lo que damos un pequeño rodeo para llegar, en el transcurso del mismo Piticli despierta de malas pulgas y Pitufona se niega a ser transportada si no es por sus propios pies. A estas alturas nuestra paciencia está ya en números rojos pero aún así decidimos seguir hacia Nyhavn.

Si bien el sitio conserva todo el encanto con que lo recordaba se convierte en el peor momento del viaje, niños cansados e intratables, padres cansados y con poca paciencia, unido a mucha gente haciendo turismo y ocupando las terrazas para comer. Recorremos la zona pero pronto vemos que va a ser imposible sentarse a comer según está el panorama, así que decidimos reponer fuerzas con unos perritos de un puesto a orilla de los barcos para al menos no estar además de gruñones, hambrientos.

Justo terminamos de comer y lo que nos faltaba, los nubarrones que amenazaban todo el día empiezan a gotear. Y, qué bien, yo, que nunca saco del carro el plástico ni la muselina, esa misma mañana lo había sacado del cesto para hacer hueco al resto de trastos que nos acompañaban diariamente. Así que ahora se nos juntaba que iba a empezar a llover y llevábamos a los peques en manga corta y sin burbuja. Menuda mañana, para echarse a llorar. Lo más urgente ahora era buscar refugio, así que lo hicimos en una terraza cubierta por grandes toldos que anunciaba además happy hour, aunque en ese momento éramos lo menos happy del mundo.

Christiania

Afortunadamente, después de los nubarrones siempre sale el sol. En la terraza descansamos, los peques se tranquilizaron un poco y nos tomamos una cervecita mientras valorábamos que hacer,  ya que al principio estábamos tentados de volver al apartamento, de lo desesperados que estábamos. Habiendo cogido fuerzas y coraje decidimos seguir de ruta ya que además la amenaza de lluvia había desaparecido y volvía a lucir el sol. Nos dirigimos a Christiania.

Christiania se ha hecho famosa por la legalidad de las drogas blandas, tanto venta como consumo. Sin embargo, como suele pasar, la gente se queda con ese dato y no con la historia de este curioso “pueblo libre” que no pertenece ni a la ciudad, ni a la UE. Desde 1971 la historia de este barrio que comenzó siendo unos barracones militares abandonados reivindicados por parte de varias familias ante la escasez de espacio de juego de los niños en la ciudad ha ido evolucionando y a mí personalmente me parece un experimento social muy interesante.

Si os preguntáis si es un sitio apto para ir con niños os puedo asegurar que no hay ningún peligro, supongo que si son más mayores que los míos os pueden hacer alguna pregunta comprometedora, ahí ya lo valoráis vosotros. Con el buen tiempo hay conciertos y bastante gente, estuvimos un buen rato por allí disfrutando de la música, curioseando los puestos y viendo algunas de las construcciones tan curiosas. Los peques camparon como auténticos hippies a sus anchas.

Christiania con niños

Reentramos en territorio de la UE y nos dirigimos al centro de nuevo, callejeando viendo monumentos y entrando en tiendas imprescindibles como la de Lego.

Copenhague con niños

Como veis un día que empezó pésimamente se fue enderezando. Tras tanta intensidad decidimos intentar que los peques hoy se fueran a la cama a su hora “española” y más o menos lo conseguimos, descansando todos (hasta las 5 de la mañana de nuevo, uf).

Fin de viaje

Ha llegado el último día y amanece algo nublado y lluvioso, decidimos pasar la mañana en un gran parque que teníamos al lado de casa, con otro estanque incluido y columpios, antes de recoger el equipaje y poner rumbo al aeropuerto.

Una vez allí, comimos, paseamos, gastamos nuestras últimas coronas y embarcamos.

En el  viaje de vuelta, Pitufona se volvió a marear, esta vez al aterrizar, pero ya estábamos preparados y el estropicio fue mínimo. Piticli durmió desde antes del despegue, totalmente derrotado por estos días de trote.

Y aquí ponemos punto y final a la crónica. Nos dejamos cosas en el tintero, si necesitáis algún dato no dudéis en preguntarme. Hemos tratado de ser sinceros en la crónica como podéis ver, yendo con peques hay momentos muy buenos y otros desesperantes, pero a nosotros nos compensa, así que…seguiremos viajando.

Copenhague con niños III: Sirenita, Nyhavn y Christiania

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